EL PACTO DE DIOS

EL PACTO DE DIOS: "El Señor te pastoreará siempre, en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos, y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca se agotan. Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas, los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de muros caídos, restaurador de casas en ruinas" Isaías 58.11-12

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sábado, 17 de septiembre de 2011

Mujeres buscando un Gran Hombre

Los hombres nos caracterizamos por ser el sexo fuerte, aunque muchas veces caemos por debilidad.
Un día, mi hermana lloraba en su habitación. Con mucha nostalgia, observé que mi padre se le acercó y le preguntó el motivo de su tristeza. Los escuché hablando por horas, pero hubo una frase tan especial que dijo mi padre esa tarde, que hasta el día de hoy la recuerdo cada mañana y me llena de fuerza. Mi padre acariciándole el rostro, le dijo: "Hija mía, enamórate de un Gran Hombre y no volverás a llorar".
Me pregunté tantas veces, cuál era la fórmula exacta para llegar a ser ese gran hombre y no dejarme vencer por las pequeñeces. Con el paso de los años descubrí que si tan sólo todos los hombres lucháramos por ser grandes de espíritu, grandes de alma y grandes de corazón ¡El mundo sería completamente distinto!
Aprendí que un Gran Hombre... no es aquel que compra todo lo que desea, pues somos tantos que hemos comprado con regalos el cariño y el respeto de quienes nos rodean.
Mi padre le decía:


"No te enamores de un hombre que sólo hable de sí mismo, de sus problemas, sin preocuparse por ti... enamórate de un hombre que se preocupe por ti, que sepa tus fortalezas, tus ilusiones, que conozca tus tristezas y te ayude a superarlas.


No creas en las palabras de un hombre cuando sus actos digan lo contrario.


Aleja de tu vida a un hombre cuando éste no construya contigo un mundo mejor...  él jamás se irá de tu lado porque eres su fuente de energía".


Huye de un hombre enfermo espiritual y emocionalmente, son como el cáncer, matarán todo lo que hay en ti (emocional,  mental, física, social y económicamente).


No le pongas atención a aquel hombre que no sea capaz de expresar sus sentimientos, que no se ame sanamente.


No te aferres a un hombre que no sea capaz de reconocer tu belleza interior y exterior y tus cualidades morales.


No dejes entrar a tu vida a un hombre al que le tengas que adivinar lo que quiere, porque no es capaz de decirlo abiertamente.


No te enamores de un hombre que al conocerlo, tu vida se ha convertido en un problema para resolver y no algo para disfrutar.
No creas en un hombre que tiene carencias afectivas de la infancia y que trata de llenarlas con la infidelidad, culpándote cuando su problema no eres tú, sino él porque no sabe que quiere de su vida, ni cuáles son sus prioridades”.
Yo me preguntó ahora... ¿Por qué querer a un hombre que te abandonará si no eres como él quiere que seas, o si ya no le “eres útil”?
¿Por qué querer a un hombre que te cambiará por un cabello o un color de piel distinto, o por unos ojos claros, o por un cuerpo más esbelto?
¿Por qué querer a un hombre que no supo admirar la belleza que hay en ti, la verdadera belleza… la del corazón?
¿Cuántas veces me dejé llevar por la superficialidad de las cosas, haciendo a un lado a quienes realmente me entregaban su sinceridad e integridad y dándole importancia a quienes no valoran mi esfuerzo?
Me costó trabajo comprender que GRAN HOMBRE no es el que llega más alto, ni el que tiene más dinero, casa, auto, ni quien vive rodeado de mujeres, ni mucho menos el más guapo.
Un gran hombre, es aquel ser humano transparente, que no se refugia en cortinas de humo, es el que abre su corazón sin rechazar la realidad, es quien admira a una mujer por sus cimientos morales y grandeza interior.
Un gran hombre, es el que camina de frente, sin bajar la mirada; es aquel que no miente aunque a veces pierda por decir la verdad… y sobre todo, un gran hombre es el que sabe llorar su dolor sin escapar a él…
Un gran hombre es el que cae y tiene la suficiente fortaleza para levantarse y seguir luchando…
Hoy mi hermana está felizmente casada, y ese Gran Hombre con quien se casó, no era ni el más popular, ni el más solicitado por las mujeres, ni mucho menos el más adinerado o el más guapo.
Ese Gran Hombre es quien simplemente nunca la hizo llorar… es quien en lugar de lágrimas le robó sonrisas…
Sonrisas por lo que han logrado juntos, por los triunfos alcanzados, por sus recuerdos lindos y por aquellos recuerdos tristes que supieron superar, por cada alegría que comparten y por los 3 hijos que llenan sus vidas.
Ese Gran Hombre ama tanto a mi hermana que daría lo que fuera por ella sin pedir nada a cambio...
Ese Gran Hombre la quiere por lo que ella es, por su corazón y por lo que son cuando están juntos.
¡Aprendamos a ser uno de esos Grandes Hombres, para que vivamos el paso de los años de la mano de una Gran Mujer y nada ni nadie nos pueda vencer!
Hasta aquí el hermoso relato de lo que es y debe de ser realmente un GRAN HOMBRE que enfoca la medida de hombre no en relación a lo que tiene (tal como dinero, auto, casa, fama), o a lo que es (títulos académicos, maestrías, doctorados, lideres profesionales, líderes de iglesia); sino respecto a su actitud y trato que le da a su ESPOSA. Ahora permíteme unas palabras personales con relación a lo que hemos leído.


Esto me recuerda dos cosas, que debemos de tener presentes, primero lo que dijo el apóstol Pablo respecto al trato del hombre hacia su esposa, en la carta a los Efesios él escribió lo siguiente:


Efesios 5:25-28: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama".


Aquí se manda a amar a nuestras esposas, y la pregunta que emerge es la siguiente ¿y cómo debo de amar a mi esposa?... Pablo continua diciendo que se debe de amarlas cómo Cristo amó a Su iglesia, entregándose por ella... esto es hasta la muerte, porque fue tal el amor de Jesucristo que ese amor le impulsó a dar su vida por ella en la cruz ¿Sabes cómo se llama esto?... AMOR SACRIFICIAL (es un amor de entrega, amor de sacrificio, amor de servicio), AMOR INCONDICIONAL (amor sin pedir nada a cambio) ¿Amamos de esta manera a nuestras mujeres?

Hagamos algo más de exégesis. En el griego hay tres formas clásicas de expresar el verbo "amar": eros (amor egoísta, amor erótico), filos (amor cooperativo, en relación a amigos y hermanos carnales), stergos (amor debido, es el amor que se da por los sacrificios de otros a nosotros) y ágape (que es el amor sublime, que sólo proviene de Dios). 



Este tipo de amor es uno que se basa en los beneficios para el objeto de su amor. No es egoísta, sino se concentra en el sacrificio personal para el beneficio y bien del otro. Así que, cuando Pablo emplea aquí el término "amar" está usando la palabra griega "αγαπαν" (agapao) que es un derivado de "ágape". Entonces lo que está demandando Dios a nosotros los hombres es que amemos a nuestras mujeres/esposas como sólo Dios puede amar, sacrificialmente.

Y agrega en el v. 28 que también las amemos como a nuestros propios cuerpos, porque si no te amas a ti mismo, ni cuidas tu cuerpo ¿Cómo vas a poder amar a los demás, menos a tu esposa?, en consecuencia, déjame decirte que si no amas de esa manera, estás no en condiciones de amar verdaderamente... ¡estás descalificado!. Me olvidaba, por si acaso el tiempo en que se describe la acción de amar es en Presente, lo que expresa una idea lineal o continua; esto es, nuestro amor hacia nuestras esposas debe de ser expresado constantemente; no es un amor de momento, no es el amor de alcoba, o un amor de epitelio, sino un amor continuo, que rebasa lo terrenal, y se enfoca en lo divino. ¿¡Que difícil no!? Pero no imposible si Dios lo pide es porque se puede hacer.

El segundo elemento, que me recuerda el relato, es lo que el
apóstol Pedro escribe en su primera carta a todo hombre:



1 Pedro 3:7 "Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo".


Dos cosas pide Dios de los hombres con relación a sus esposas: que vivamos de manera sabia con ellas, y que se le dé el honor que se merecen; esto es darles el respeto que merecen, la palabra usada aquí es  "τιμην" (timé) significa dignidad, valor, honor, honra; así se le traduce en el griego, ... "tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, ..." NVI

Entonces, lo que quiere decir el apóstol es que vivamos sabiamente, de tal manera que demos a nuestras esposas la dignidad, el honor, el valor y el respeto que ellas se merecen.

Esto implica que no sólo como maridos valoremos y respetemos a nuestras mujeres en nuestra relación personal, sino que también las hagamos respetar delante de todos; especialmente cuando le falten el respeto, si es que se diera el caso; por ejemplo delante tus padres, de tus abuelos, de tus hermanos, aún de tus hijos... tu familia entera, tus compañeros de oficina, de universidad, (que horrible es que el esposo hable mal de su esposa, aún mas, cuando lo hace a sus espaldas, eso no es de varones), y aún cuando te encuentres delante de tus líderes, llamase pastores, maestros, jefes, etc.

¿Sabes por qué? porque a veces los pastores nos podemos equivocar, y por ende, extralimitarnos y escudándonos en nuestra condición de tales llegar faltar el respeto a las esposas de la congregación, y es en ese caso que el esposo está en la obligación -y el derecho le asiste- de hacerlas respetar por muy pastor que éste sea... ¡el título de pastor no nos da ningún derecho a ser irrespetuosos!. Conozco casos de pastores que tienen la costumbre de hacer eso en su congregación, y cuando el esposo les ha llamado la atención se han resentido, y de ofensores se han convertido en ofendidos propagando la noticia de que son ellos las víctimas de una ofensa, cuando son ellos los victimarios, se escudan en su posición, y no ofrecen las disculpas del caso. El pastor al contrario debe de ser hidalgo, y  reconocer su falta, eso es de varones.

Hasta aquí el estudio y la aplicación, sin embargo, queda por hacer unas preguntas. Hombre ¿Cómo amas a tu esposa, la respetas y la haces respetar delante de quien sea? ¿Nuestro amor hacia ellas tiene los rasgos de ser un amor sacrificial e incondicional? ¿Podemos contestar afirmativamente?

Recuerda mujer, aprende a escoger esa GRAN HOMBRE que Dios tiene esperando para ti. No te guíes por las apariencias, no busques un Adonis, eso sólo hay en los libros de Corín Tellado, o en las telenovelas románticas, no busques un amor de telenovela, busca UN GRAN HOMBRE (ya conoces sus rasgos). No te dejes llevar por las apariencias. Busca un hombre que comparta tu fe - la fe que aprendiste en tu niñez, o quizás recientemente-, un hombre que comparta tus sueños, un hombre que te enseñe a amar a Dios, y que juntos con la ayuda de tu Señor puedan enfrentar los retos de la vida y educar a tus hijos en Su camino.... ¡para la GLORIA DE DIOS!
 
Recuerda varón, a un hombre no se le mide por lo que tiene o por lo que es, se le mide por el trato que le da a su esposa. Es decir para que recibas el título de GRAN HOMBRE debes de darle honor, respeto y dignidad a tu mujer.


Varones demos el honor y la dignidad que nuestras mujeres merecen -nuestros hijos están observando, demos ejemplo- hagamos respetar a nuestras esposas delante de quién sea, eso es amor, el Señor te lo demanda en su Palabra. ¡Que nuestro amor sea un amor SACRIFICIAL e INCONDICIONAL, aunque muramos en el intento!... uds. lo saben.


¡AMADOS VARONES... ESO ES HOMBRIA AL MAXIMO!

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Cuando Dios nos trata como Bambú


Erase un maravilloso jardín situado en el centro de un campo. El dueño acostumbraba a pasar por el jardín al sol del mediodía. Un esbelto "Bambú" era para él el más bello y estimado de todos los árboles de su jardín. Crecía y se hacía cada vez más hermoso, Él sabía que su señor lo amaba y que él era su alegría.

Un día, su dueño, pensativo se aproximó a su amado Bambú y con sentimiento de profunda veneración el Bambú inclinó su imponente cabeza. El señor le dijo: "Querido Bambú, yo necesito de ti". El Bambú respondió de inmediato: "Señor, estoy dispuesto, haz de mí lo que quieras". El Bambú estaba feliz, parecía haber llegado la gran hora de su vida, su dueño necesitaba de él y él iría a servirle.

Con voz grave el señor le dijo: "Bambú, sólo podré usarte podándote" ¿¡PODAR!? ¡Podarme a mí señor! por favor, no hagas eso, deja mi bella figura. Tú ves como todos me admiran. “Mi amado Bambú -la voz del señor se volvió más grave todavía- no importa que te admiren. Si yo no te podara no podría usarte”. En el jardín todo quedó en silencio... el viento contuvo la respiración. Finalmente el bello Bambú se inclinó y susurró: "Señor, si no me puedes usar sin podar, entonces haz conmigo lo que quieras.

El señor continuó: "Mi querido Bambú, también debo cortar tus hojas...". El Bambú temblando, y a media voz dijo: "Señor córtalas". El señor más firmemente añadió: "Todavía no es suficiente, mi querido Bambú, debo además cortarte por el medio y sacarte de este lugar, si no hago esto no podré usarte". "Por favor, señor", dijo el Bambú, "yo no podré vivir más, todo cortado". Debo cortarte por el medio y cambiarte de lugar, de lo contrario no podré usarte.

Hubo un profundo silencio... después el Bambú se inclinó y dijo: "Señor, poda, corta, parte, divide, tómame por entero reparte. Así pues el señor procedió a deshojar, arrancar y a partir. Después llevó al Bambú y lo puso en el medio de un árido campo y cerca de una fuente donde brotaba agua fresca. Ahí el señor acostó en el suelo cuidadosamente, a su querido Bambú, ató una de las extremidades de su tallo a la fuente y la otra la orientó hacia el campo.

Las aguas cristalinas se precipitaron alegres a través del cuerpo despedazado del Bambú, corrieron sobre los campos resecos. Allí se sembró trigo, maíz, soya, y se cultivó una huerta. Los días pasaron y los sembrados brotaron... y todo se volvió verde y vino el tiempo de cosecha. Así el tan maravilloso Bambú de antes, en su despojo, en su aniquilamiento y en su humildad, se transformó en una gran bendición para todo aquella región.

Cuando él era grande y bello, crecía solamente para sí y se alegraba con su propia imagen y belleza. En su despojo, en su aniquilamiento, en su entrega, él se volvió un canal del cual el señor se sirvió para hacer fecundas sus tierras... Y muchos, muchos hombres y mujeres encontraron vida y vivieron de ese tallo de Bambú podado, cortado, arrancado, partido,...



Este hermoso relato nos recuerda lo que Jesús dijo cuando un grupo de griegos, que habían ido a Jerusalén para celebrar la Fiesta de la Pascua, pedían verle a sus discípulos:

Juan 12:24 "En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto".

Permíteme explicarte, en la historia se habla de un Bambú que había crecido y disfrutaba cómodamente del lugar en que estaba, pero de pronto su señor le comunica que desea usarlo en otro lugar. Con cuanta alegría reaccionó el esbelto Bambú... ¡por fin iba a ser usado por su amo, él tenía grandes planes para él!. Sin embargo, muy pronto se percató que esa misión que su señor tenía para él implicaba deshojarlo, podarlo, partirlo, dividirlo, es decir implicaba dolor, sufrimiento y muerte, todo un proceso de aniquilamiento para el Bambú.

Por un momento se resistió a tan descabellada idea ¿era necesario pasar por ese proceso? ¿morir para que otros puedan vivir?... sí, esa es la manera, el pudo entender rápidamente que para poder ser bendición hacia otros era vital pasar por un proceso de negación y de muerte.

Y así sucede en nuestras vidas, cuando Dios quiere usarnos en otros lugares, él nos va a sacar de donde estamos en contra de nuestra voluntad -del país donde nacímos, de la iglesia donde servimos, del trabajo donde laboramos-, y de la manera más dura e insospechada, y a veces Él permite maltratos por parte de aquellos que fueron tus compañeros de batalla, deslealtad y engaños; porque sólo así es la única forma que entiendas de que ya es tiempo de partir y obedecerle... son los caminos extraños que Dios usa para llevarnos hacia otras metas, otros lugares, otros horizontes, para ensanchar nuestras tiendas, y bendecir a otros campos, a otras familias.

Es verdad, en este proceso se nos exige dolor y negación, pero confiemos en el Señor, pues Él tiene para nosotros pensamientos de paz y de bien, para ti y tu familia, además como decía al apóstol Pablo en medio del Areópago, en Atenas: "porque en él vivimos,y somos, y nos movemos..."

Jeremías 29:11 "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis".

Bueno, como siempre decimos aquí, queda aún tinta en el tintero, y de seguro en otra oportunidad ampliaremos el tema, lógico con un buen ceviche y la bebida de sabor nacional... una Inca Kola.

Es nuestro deseo de que el Señor, que es Dios de toda carne bendiga a ti y tu familia.

Félix Jara

domingo, 4 de septiembre de 2011

Jonathan Edwards: para tiempos de avivamiento


El Gran Avivador

Jonatán Edwards nació en East Windsor, Connecticut, un 5 de octubre de 1703. Creció en una familia donde se "respiraban" las Escrituras. Su padre, Timothy Edwards, se había graduado en Harvard, siendo pastor de una iglesia por espacio de sesenta y cuatro años, y su madre, fue hija de un predicador que dirigió una iglesia por cincuenta años. Era una familia numerosa compuesta por once niños, él era el único varón y el quinto en sucesión.


Muchas fueron las oraciones que sus padres elevaron a Dios -lo hicieron con fervor y constancia- para que su único y amado hijo varón fuese lleno del Espíritu Santo, y llegase a ser grande delante del Señor. Se dedicaron a criarlo con mucho celo para el servicio de Dios. Cuando bordeaba los ocho años de edad, sucedió un avivamiento en la iglesia de su padre, y Jonatán se acostumbró a orar solo, cinco veces, todos los días, y a llamar a otros niños para que orarran con él.

En virtud que Jonathan tenía una inteligencia no muy común para un niño de su edad, su padre lo matriculó en el  Colegio de Yale graduándose a los diecisiete años con las más altas notas. Se caracterizó por ser un alumno dedicado el cual disponía su tiempo para la lectura y el estudio de la Biblia.


Edwards cuenta acerca de su consagración cuando tenía veinte años: "Me dediqué solemnemente a Dios y lo hice por escrito, entregándome yo mismo y todo lo que me pertenecía al Señor, para no pertenecerme más en ningún sentido, para no consolarme con el que de una forma u otra se apoya en algún derecho.. presentando así una batalla contra el mundo, la carne y satanás, hasta el fin de mi vida".


Una persona que le llegó a conocer dijo lo siguiente acerca de él: "Su secreta, pero constante y solemne comunión con Dios hacía que su rostro resplandeciese delante de los hombres, y su apariencia, su semblante, sus palabras y todo su comportamiento estuvieron siempre revestidos de seriedad, gravedad y solemnidad.
Mientras estudiaba su Maestría, tuvo una experiencia profunda experiencia de conversión que transformó radicalmente su vida poniendo el fundamento para los frutos que a futuro se observaría en su vida.

Luego de graduarse a los 24 años, se casó con Sara Pierrepont quien era hija de un pastor con la cual tuvo once hijos. Durante todo su ministerio Sara se constituyó en su fiel colaboradora pues fue una mujer de oración y de una entrega completa al servicio de Dios. Era conocida por su dedicación a su hogar, a la crianza de sus once hijos y por la buena administración de los recursos del hogar.


El secreto de su ministerio de Jonatán estuvo en el tiempo diario que dedicó al estudio de la Palabra y a la oración pues acostumbraba a invertir trece horas diarias para esto teniendo a su esposa a su lado quien lo acompañaba en la oración. Después de la última comida, dejaba todo cuanto estuviera haciendo, para pasar una hora con su familia. 


Jonathan se trasladó a Northampton, Massachussets, para convertirse en pastor asistente de su abuelo Stoddard. Unos años después, su abuelo murió, así que  Jonathan se convirtió en pastor general trabajando en Northampton por espacio de 21 años.

Cabe destacar, que la época en que le tocó vivir fue una en la que la obra del puritanismo y la espiritualidad de la iglesia de su país habían quedado atrás. Es ahí, donde la figura de Jonatán Edwards surge como uno de los iniciadores del Gran Avivamiento de la nación.

 Una de las principales enseñanzas a la cual le concedió mucho énfasis fue la doctrina del nuevo nacimiento. Su predicación inicial estuvo centrada en la justificación por la fe siendo para muchos el inicio del Gran Avivamiento en su país.

En 1735-1737, un gran avivamiento pasó por los Estados Unidos de Norteámerica, incluyendo a Northampton, como una inundación. Sobre este avivamiento Edwards escribió “Una gran y sincera preocupación por las grandes cosas de la religión y de la vida eterna se convirtió en el tema universal en todas partes del pueblo… el trabajo de la conversión era hecho de una manera asombrosa y incrementaba más y más; las almas, como sí fueran, rebaños venían a Jesucristo".

De la noche a la mañana, el pueblo fue transformado. Los ciudadanos cantaban himnos en las calles, las tabernas cerraron, los jóvenes buscaban a Dios en grupos, era imposible entrar a la iglesia a menos que se llegara horas antes.

Una de sus prédicas que causaron mayor impacto en la sociedad de aquel entonces fue el sermón "Pecadores en las manos de un Dios airado" basado en Deuteronomio 32:35. El resultado fue una total conmoción en el auditorio que se había congregado el mismo que hasta un momento atrás se había mostrado escéptico y con un espíritu de indiferencia. El sermón fue interrumpido por una sucesión de llantos y gemidos por hombres y mujeres que se ponían de pie o caían al suelo conscientes de su condición de miseria y de pecado. La gente se agarraba de los bancos y de las columnas del auditorio pensando que iban a caer en el fuego eterno.


Se cuenta que fue tal el impacto de su predicación que la ciudad durante toda la noche parecía una fortaleza sitiada. Se oían casi en todas las casas el clamor de las almas que hasta aquella hora habían confiado en su propia justicia.
Se estima que 10% de los Estados Unidos de América se convirtió durante este tiempo. Para entender lo que pasó, imaginemos que cada iglesia se doble o triplique en los próximos dos años. Si esto hubiese ocurrido en nuestros días, sería el equivalente a ver 28 millones convertidos en dos años.... ¡Un tremendo avivamiento!... cuantos quisiéramos un avivamiento de esta magnitud en nuestras ciudades y países, verdad.


¿Cuál fue el secreto que tenía escondido Jonatán Edwards para lograr ete impacto en la sociedad de su tiempo?. Los estudiosos de la vida de este gran hombre coinciden que tales victorias se ganaron de rodillas. Nunca abandonó ni dejó de gozar de los privilegios de las oraciones, una costumbre que él tenía desde niño. Continuó frecuentando los lugares solitarios del bosque, donde podía tener comunión con Dios.


Se cuenta que él tuvo una experiencia, a los 34 años de edad, cuando entró a caballo al bosque. Postrado en tierra le fue concedido tener una visión tan preciosa de la gracia, amor y humillación de Cristo como Mediador, que pasó una hora vencido por un torrente de lágrimas y llanto.
Como podemos apreciar, esta obra de Dios a través de Jonatán Edwards fue uno de los mayores avivamientos de nuestra época contemporánea. Comenzando en Northampton, y extendiéndose por toda América del Norte hasta llegar a Escocia e Inglaterra, todo en un espacio de dos o tres años.

Su muerte fue inesperada. Edwards había aceptado la invitación al Seminario Teológico de Princeton a ser su próximo presidente, pero antes que Sarah y los niños se reunieran con él, apareció una epidemia de viruela. Hizo que todos los estudiantes se vacunaran, incluido él, pero las fiebres producidas por la vacuna le debilitaron al tal grado que le restaron fuerzas, falleciendo después de un mes, a la edad de cincuenta y siete años, en 1758.


Uno de sus biógrafos afirmó lo siguiente aceca de él: "En todas las partes del mundo donde se hablaba inglés, era considerado como el mayor erudito desde los días del apóstol Pablo o de Agustín".

SUS PALABRAS
  • "Muchos oran con sus labios por aquello por lo que sus corazones no sienten ningún deseo".
  • "Ver tu propia ignorancia y ceguera es el primer paso hacia tener el verdadero conocimiento".
  • “Muchas personas piadosas en ésta y en otras épocas, se han expuesto a sí mismas a terribles engaños por el hecho de dar demasiado peso a sus impulsos e impresiones como si fueran revelaciones inmediatas de Dios, profecías del futuro o instrucciones para dirigirles en lo que van a hacer o a dónde van a ir”.
ENSEÑANZAS PARA NUESTROS DIAS   

De la vida de Jonathan Edwards podemos extraer grandes tesoros que al ser aplicados a nuestras vidas puedan ser bendiciones para nuestras familias y para toda persona que el Señor ponga en nuestras vidas:

1.- Jonathan creció en una familia en donde la Palabra de Dios ocupaba el primer lugar. Su hogar estaba llenado por una atmósfera donde se respiraba la Biblia. Sus padres oraban con fervor y constancia para que sea llenado de la presencia del Espíritu Santo y sea usado por el Señor.  

En la actualidad, cuanta falta hace que en nuestros hogares los padres dediquen, siquiera los domingos un tiempo a la lectura bíblica, en donde el padre -como cabeza de hogar- asuma su rol de sacerdote y ministre a su familia con la meditación bíblica. Atrás quedaron los tiempos en que se reunía toda la familia en casa para tener un culto familiar. Hoy lamentablemente el día domingo preferimos descansar, o ver una buena película, o dejar que los niños jueguen su "play station" a fin de que nos dejen tranquilos, siquiera en "nuestro fin de semana".

2.- Me impresiona lo que uno de los biógrafos de Jonatán Edwards afirma al mencionar que su vida estuvo llena de días de ayuno, oración y de meditación; y que nunca dejó de frecuentar los lugares solitarios de los bosques para buscar a Dios. Acostumbraba a pasar largo tiempo con la Palabra de Dios, invertía trece horas de oración y de estudio de la Biblia, esta es la razón del secreto de su ministerio pues las victorias obtenidas contra el pecado y el escepticismo de su época fueron ganadas de rodillas y en meditación bíblica.

Lamentablemente, la "cultura light" ha permeado en algunas de nuestras iglesias -digo algunas no a todas-, pues el estudio para la exposición bíblica por algunos de nuestros líderes encargados de exponer la Palabra, cada vez se va haciendo más suave, más "light", se nota en su predicación, se ve que no han invertido el tiempo necesario. Desde aquí les preguntamos ¿Cuánto tiempo invierten en el estudio de la Palabra de Dios para las ovejas que el Señor a puesto en su cuidado?.

A nosotros nos enseñaron en el Seminario Bíblico que la preparación por parte del pastor que tenía la responsabilidad de predicar exigía esfuerzo y dedicación, de tal modo que deberia de ser como un "dolor de parto" para él. Sin embargo, hoy algunos predicadores prefieren la exposición temática (pues exige menos esfuerzo, es decir no duele, y cuesta menos) en desmedro de la predicación expositiva que exige mayor esfuerzo.


Y así quieren que "SU iglesia" crezca, anhelan "mega-iglesias" sin pagar el precio que exige la cruz. Es decir, con cargo a "meditaciones y estudios bíblicos al paso" pretenden alimentar a las ovejas, no quieren dare cuenta que ellas deben de ser alimentadas con pastos frescos, se olvidan que el Señor espera que ellos den a Sus ovejas pastos de conocimiento y prudencia: "Os pondré pastores según mi corazón que os den pasto de conocimiento y prudencia" Jeremías 3:15.

¡Cuidado con caer en la dicotomía "Obesidad eclesial vs. Iglecrecimiento"!, o será "numerolatría", tal como nos advertía un amado y recordado profesor en el Seminario.

3.- Un último aspecto importante en la vida de Edwards, fue el apoyo que representó para él su esposa Sara. Ella se constituyó en la ayuda idónea en el ministerio que Dios le había encargado, a pesar de cuidar a once niños y dedicarse a la administración del hogar, ella sabiamente se daba tiempo para estar a su lado en los tiempos de oración con su esposo, ¡cuan importante es la esposa para el siervo que es llamado por Dios para un especial encargo!.

Definitivamente, hay mas cosas que decir acerca de Jonathan Edwards, pero hasta aquí llegamos. Es mi deseo que esta lectura inspire a tu vida para llegar a ser el siervo o la sierva que Dios quiere hacer de ti. Ya sabes cuenta esta historia, la idea es ser bendición para las nuevas generaciones, a fin de RESTAURAR CALZADAS PARA HABITAR.