EL PACTO DE DIOS

EL PACTO DE DIOS: "El Señor te pastoreará siempre, en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos, y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca se agotan. Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas, los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de muros caídos, restaurador de casas en ruinas" Isaías 58.11-12

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lunes, 11 de agosto de 2014

Mi bendita seguridad: Esperar en Él


En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación. Salmos 62:1

¡Bendita seguridad: esperar sola y únicamente en el Señor! Tal debe ser nuestra condición hoy y todos los días de nuestra vida. Esperar su tiempo, esperar en su auxilio, esperar con alegría, esperar en oración y contentamiento.

El alma que así espera observa la verdadera actitud de una criatura delante del Creador, de su siervo delante de su Señor, de un hijo delante de su Padre. Jamás tratemos de dictar órdenes a Dios, ni de quejarnos en su Presencia; no seamos petulantes ni desconfiados. No osemos correr delante de la nube, ni buscar el socorro de los demás, porque ninguna de ambas cosas sería esperar en Dios. Dios y sólo Dios debe ser la esperanza de nuestras almas.

¡Bendita certeza! «De Él viene la salud», ya está en camino. La salvación de Él nos vendrá y de ningún otro. Suya será toda la gloria, porque solamente Él podrá conseguírnosla. Sin duda Él nos la traerá a su debido tiempo y a su manera.

Él nos librará de la duda, del sufrimiento, de la calumnia y de la miseria. Aun cuando no veamos señal alguna de esta liberación, gocémonos esperando la voluntad del Señor, porque jamás podremos abrigar la menor duda acerca de su amor y fidelidad. Su obra será cierta y no se hará esperar mucho, y nosotros le alabaremos ahora por su misericordia futura.

C. H. Spurgeon (Junio 1834-Enero 1892)

domingo, 10 de agosto de 2014

El método sabio de Dios


El Señor empobrece, y él enriquece; abate, y enaltece. 1 Samuel 2:7

Todos los cambios acaecidos en mi vida vienen de Aquél que nunca cambia. Si hubiese sido enriquecido, habría visto en ello la mano del Señor y le alabaría. Que reconozca también Su mano si caigo en la pobreza y le bendiga con la misma sinceridad. 

Cuando nuestra posición desciende, hemos de atribuirlo al Señor, y debemos soportarlo con paciencia. Si, por el contrario, nuestra posición mejora, también es obra del Señor, y para Él ha de ser nuestro agradecimiento. En ambos casos, es el Señor quien lo ha hecho, y todo está bien.

En general, el Señor se complace en humillar a quienes quiere ensalzar, y desnudar a quienes piensa vestir. Su método es el más sabio y el mejor. 

Si sufro ahora humillaciones, bien puedo regocijarme, porque en ellas podré ver el preludio de mi elevación. Cuanto más somos humillados por la gracia, más ensalzados seremos en la gloria. El empobrecimiento que conduce a nuestra riqueza siempre debe ser bien acogido. 

¡Oh, Señor! Tú me has humillado haciéndome sentir mi nulidad y pecado. Esta es una experiencia desagradable, pero te suplico que la hagas provechosa para mí. Hazme apto para soportar un mayor peso de gozo y una mayor actividad. Y cuando esté dispuesto para ello, concédemelo por el amor de Cristo. Amén.

C. H. Spurgeon (1834-1892)